miércoles, 30 de noviembre de 2011

GUERRA A LA LUZ DE LAS VELAS


Por: Paola Quintana Tomás.

Cuando escuché que el libro que iba a leer tenía que ver con guerra y velas, de inmediato mi imaginación recreó escenarios de peleas, sangre, pobreza y soledad. Por un momento pensé que sería una experiencia única y que amaría la lectura de principio a fin. Pero la realidad terminaría siendo distinta. Una vez más enfrentaba una decepción, un embuste, una estafa, aunque esta vez no eran temas personales. Al finalizar mi tormentosa lectura creí estar preparada para escribir un libro titulado: cómo afrontar una decepción literaria y no morir en el intento.

Guerra a la luz de las velas, escrita por Daniel Alarcón, fue publicado originalmente en inglés por la Editorial Harper Collins en el año 2005. Ya en el 2006, fue traducido al español por Jorge Cornejo y presentado como una obra de cuentos reunidos bajo un mismo tema: la época de miedo en el Perú causada por el terrorismo. 

Daniel Alarcón con esta obra brinda la oportunidad de indagar en espacios urbanos que han sido azotados por fenómenos culturales como el terrorismo y la violencia. A su vez, relata historias ligadas a la muerte y a la soledad. Sus personajes tienen conflictos internos y por ende se ven empujados a manifestarlos. Anhelan un mundo perfecto y aunque se esfuercen por lograr sus objetivos, nunca quedan conformes con lo vivido. 
Daniel Alarcon nació en el Perú pero la mayor parte de su vida ha vivido en Estados Unidos

Ahora definamos qué es un cuento. Una historia que dice mucho aunque sea pequeña, que es fácil de leer y que resulta conmovedora, ya que casi siempre tiene un final feliz. Pero qué pasa cuando te topas con historias que no dicen mucho, con un estilo que causa dolor de cabeza y con finales inconclusos, he ahí donde la reputación de los cuentos está en juego y es justamente donde flaquea Alarcón. Un fino caso donde se nos intenta vender gato por liebre. 

Aunque la obra presente una estructura propia de un libro de cuentos, este género no se ve plasmado en los contenidos. Es como decir que la forma es correcta pero el fondo no tanto. Sus historias visten confusas y larguiruchas. No hablo sobre la cantidad de páginas si no apunto a la extensión del tiempo en el que ocurren. Estas en el presente y viajas al pasado, al futuro, y nuevamente vuelves al presente en un mismo párrafo. No hay diferencia entre lo que pasa, pasó o pasará. Reconocemos que el flashback esta presente en los relatos a su máxima potencia. A mi parecer se trata de un exceso de artimañas literarias usadas para sorprender al lector. 

Estar relacionado con dos culturas es una ventaja pues permite tener una noción clara de la realidad desde distintos ángulos. Alarcón no desperdició la oportunidad que la vida y sus padres le dieron: nacer en Perú, crecer en Estados Unidos y retornar al país que lo vio nacer acompañado de un proyecto que alumbraba mucho más que la luz de una vela.

Guerra a la luz de las velas es un libro de cuentos recopilados de historias de la realidad peruana y norteamericana
El autor detalla con cierta frialdad parte de la realidad peruana, pero en el desarrollo de su obra demuestra su escaso contacto con la misma. Cuando se pretende contar algo que no se ha experimentado hay que tener cuidado de no terminar contando lo que se cree que pudo pasar o lo que se quiso que hubiera pasado.

Alarcón pasó mucho tiempo en San Juan de Lurigancho impregnándose de leyendas urbanas y mitos de aquel entonces en donde el terrorismo sembraba el pánico a diario. Pero el tiempo y las historias no fueron suficientes. En su obra, la realidad se mezcla de manera salvaje con la fantasía.

Escribir sobre hechos reales requiere de años de búsqueda de información. Mario Vargas Llosa es un claro ejemplo de lo que implica una obra pues escribir su último libro “El sueño del Celta” le costó cerca de 4 años de investigación en distintos países del mundo. A Daniel Alarcón aún le falta tomar muchos platos de sopa de letras. 

Hay que rescatar que el autor posee una habilidad para describir a sus personajes y sus respectivos contextos de forma talentosa. Es detallista en sus argumentos. Posee un estilo típico de un novelista (quizá en ese género podría irle mejor.) Utiliza “peruanismos” como polo, huayco, alucina, culo, choro, entre otros, buscando forzar un contexto peruano acorde con la realidad, costumbres, estilos de vida e incluso pasiones.

Guerra a la luz de las velas es una reunión de cuentos poco digeribles y por momentos confusos con una cierta dosis de interesantes y conmovedores. Considero que no despiertan simpatía ni controversia. Es un libro que en lo personal no he disfrutado ni he logrado sentir como parte de mí mientras avanzaba en la lectura. Carece de un gran mensaje final que te haga en algún momento o en algún tiempo lejano, volver a él.

¡UNA PELA ANTES DEL VIAJE!

Mi Primera Vez
Por: Paola Quintana Tomás.

Fue como recibir un millón de puñetes en el estómago. La primera vez que dejé el Perú logré experimentarde manera intensa un sin número de sensaciones y emociones desagradables. Esto se dio no por el hecho de empezar una nueva vida fuera (que a decir verdad me excitaba mucho) sino porque la ideade dejar todo y a todos era totalmente desconcertante. 

Mientras mi estancia en la sala de abordo se alargaba, la sensación de pérdida y descontrol se intensificaban. Por ratos, sentía unas ganas locas de salir corriendo y regresar a casa en compañía de mi familia y mis amigos que habían ido a despedirme. Me sentía tan extraña quehasta llegué a pensar queme desmayaría (quizá otra seria la historia sime hubiera desvanecido ahí frente a un montón de gente desconocida).

Los minutos pasaban y los nervios continuaban. Las personas que también esperaban el  vuelo parecían por alguna extraña razón estar muy tranquilas. Quizá aquel viaje no era el primero en sus vidas o tal vez el hecho de no viajar solos los fortalecía y hacía sentir cómodos, regla que no se cumplía conmigo ya que la única compañía que tenía era la del señor oso (un peluche viejoque significaba el recuerdo de mi infancia del que no me había desecho todavía).

Antes de viajar no olvides llevar libros que puedan acompañarte durante el trayecto

Entonces decidí intentar distraerme un poco. Observé que la mayoría de los pasajeros estaban haciendo algo en particular. Algunos leían revistas de temporada mientras que otros navegaban en sus laptops y hastahablaban o reían solos sin percatarse de que cada vez que hacían alguna de esascosas se convertían en el blanco de miradas acechantes. Pero también estaban los que conversaban normalmente tratando de pasar el rato y aprovechando en fortalecer sus lazos familiares y sociales. 

Cuando opté por conversar con alguien y así vencer mi soledad ya era tarde. Todos los presentes (incluidos los miembros de la tripulación) estaban haciendo algo. Hubo una señora que estaba sola parada a un lado de los asientos y se veía algo asustada pero cuando sintió mi presencia acercándoselentamente, levantó su mano como saludando a alguien y desapareció sin vacilaciones. Resignada a soportar todo lo que sentía y sin poder hablar con alguien deje que el tiempo hiciera lo suyo. 

Hasta que llegó el momento. Una señorita de cabello rubio y cuerpo esbelto empezó a llamar la atención de todos los pasajeros indicando que era miembro de la tripulación del vuelo de las 11:30 pm. De inmediato, todas las personas se amontonaron  a oír que pautas daba la dama uniformada (quien parecía estar de muy buen humor). Todos formamos una fila esperando el momento preciso para subir al avión. De pronto paso lo que temí. Una lágrima fue desprendiéndose lentamente de mi ojo derecho para luego deslizarse por mi rostro y llegar hasta mis labios.


Sabía que iba a llorar pero nunca pensé que justamente fuera antes de iniciarse el trayecto. Miles de cosas pasaban por mi mente. Era como ver una película de mi vida aunque, claro está, la única posible espectadora era yo. Fueron instantes de emoción e intensa melancolía. 

Recordé los buenos momentos que había pasado al lado de mi familia, las navidades y las grandes comilonas, los paseos de domingo por la tarde, los almuerzos extra-familiares en donde los vecinos se auto-invitaban, las salidas nocturnas nada aburridas, las noches de guitarra en el malecón, la escuela y mis travesuras de adolescente; hasta logré recordar el momento en el que me di cuenta de que me gustaban los hombres (uno nunca sabe con qué clase dehormonas viene al mundo), entre otras cosas graciosas. 

Aprende a darte el tiempo para viajar y conocer nuevos horizontes

Fue una situación para recordar ya que parecía una típica escena de despedida de una película hollywoodense y a la vez un fragmento en el tiempo difícil de repetir. Ahora, cada vez que hago un viaje no puedo evitar recordar esa extraña película de la cual aprendí mucho, sobre todo a darme cuenta que no hay nada más intenso y valioso que una primera vez. Espero tener muchas más primeras veces como ésta en mi vida. Sé que así será ya que existen muchas cosas que aún no he hecho y estoy segura que tarde o temprano, las viviré.


LAMOCHILAZUL

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